jueves, 7 de febrero de 2013

Narración...

La tarde en la que el mundo se desmoronó, él pensó que el único lugar seguro sería la obscuridad, así que camino su arma colgando del brazo enfilándose al bosque Aokigahra, sin duda el lugar más tétrico y desagradable que conocía, famoso por sus mitos, se dice que quien entra ahí no vuelve a salir, que el sol nunca penetra y uno termina volviéndose loco, pero no tenía opción, él vio poco a poco como la humanidad se destrozaba y es que quizás él era único no caníbal en kilómetros.
Pensó en las personas que sin remedio dejaba, al tiempo que llegaba a la entrada del bosque donde un viejo letrero con letras de bronce decía: "Tu vida vale demasiado, piensa en tus padres que te dieron esa vida y no entres solo/a".

Recordó una época cuando todo era más simple, cuando se levantaba temprano para arreglar su traje y salir corriendo a un trabajo que detestaba, pero que le redituaba lo suficiente para tener una vida estable y un Rolex de 5 mil dolares, cuando se preocupaba por lucir atractivo para la chica de recursos humanos, a quien conocía desde que tenía quince años y a quien no pudo encontrar cuando todo el caos empezó.
Entonces volvió a la realidad, echó otra vaga mirada al letrero y se puso a pensar en que si en estos momentos no hubiera cadáveres andantes con piel entre los dientes, seguramente él estaría, sentada en su escritorio atendiendo la llamada de algún trabajador descontento, el esperaría a que colgara y seguramente se atrevería a saludarla y a pedirle perdón aunque sea quince años tarde.


Es curioso lo que uno piensa cuando ve que ya todo esta perdido, respiró profundamente, puso un pie dentro del bosque, dispuesto a continuar, el sonido de una hoja seca pisada lo detuvo, dio la vuelta de inmediato y apuntó a la obscuridad, temblando disparó a la nada y un gruñido se fue haciendo cada vez más potente, seguido de un quejido y dos... y tres...


Pronto no se podían contar, las bolsas de órganos putrefactos lo habían alcanzado ya, pensó en meterse una bala en la cabeza, se puso el arma en la sien, fría y pesada, de pronto un pensamiento inundó todo, ¿Y si ella seguía viva? ¿No debería tratar de huir y buscarla? Se quedó inerte y soltó su arma, de pronto sintió el peso de los muertos sobre él, fue algo terrible, a penas y supo que estaba por ser comido, sus huesos tronaban, su piel y órganos eran arrancados con brutalidad, litros de sangre coloreaban la entrada del obscuro y lúgubre bosque, pero él no sentía nada, su mente lo transportó a esa mañana donde contrataron a su amada y él impresionado y temeroso fingió que ya la había olvidado y pasó de largo quedándose donde ella no la pudiera ver, así él la observaba, tomando aquella llamada, su mente atrapada en ese día por toda la eternidad mientras era devorado, mientras el mundo se iba al infierno, un infierno ajeno a lo que relata cualquier religión, uno que solo lograría el hombre, en su irracional actitud auto destructiva, un infierno en el planeta Tierra, o mejor dicho el planeta de los No Muertos...